Hay webs rápidas, claras y preparadas para conseguir clientes. Y luego están las otras.
Las que tardan siglos en cargar, parecen hechas hace años y tienen menos conversiones que un folleto mojado.
Si tu página web no está funcionando como debería, quizá no sea culpa de Google. Ni del algoritmo. Ni de Mercurio retrógrado.
Quizá simplemente esté cometiendo alguno de los siete pecados digitales capitales.
Y tranquilo. No hace falta llamar a un exorcista web. Pero sí conviene detectarlos antes de que tu negocio acabe en el purgatorio digital.
Uno. La pereza
La web abandonada
Este es uno de los pecados más comunes.
La típica web que se creó hace años… y nunca más se volvió a tocar.
- Plugins sin actualizar
- Formularios que no funcionan
- Imágenes rotas
- Textos antiguos
- Certificados caducados
- “Últimas noticias” de 2019
Hay empresas que cuidan más una planta de oficina que su página web.
Y claro, luego llegan los problemas:
- La web va lenta
- Aparecen errores
- Google deja de confiar
- Los usuarios también
Porque una web abandonada transmite exactamente eso: abandono.
Y no hace falta rehacerla entera muchas veces. Pero sí mantenerla viva.
Tu web no tiene que hacer milagros.
Pero al menos debería funcionar.
Dos. La soberbia
Diseñar para el ego en vez de para el cliente
Hay webs tan modernas que parecen una experiencia artística interactiva del Museo del Prado.
Muy bonitas.
Muy premiables.
Muy inútiles.
Animaciones por todas partes.
Vídeos gigantes.
Textos imposibles de leer.
Menús escondidos en dimensiones paralelas.
Y mientras tanto, el usuario solo quiere una cosa:
- entender qué haces
- cuánto cuesta
- y cómo contactar contigo
Diseñar una web no es hacer una obra de arte incomprensible.
Es crear una herramienta que ayude a vender.
Si tu cliente necesita un mapa y dos cafés para encontrar el botón de contacto… quizá haya un pequeño problema.
Tres. La avaricia
“Quiero una web buena, rápida y barata”
El clásico.
Hay negocios que quieren una web profesional… por el precio de una cena para dos.
Y claro, luego llegan:
- plantillas mal hechas
- hosting lentísimo
- webs inseguras
- diseño genérico
- errores constantes
O peor:
“Mi sobrino está estudiando informática y me la hace.”
Que está muy bien apoyar el talento joven.
Pero igual no conviene poner el futuro digital de tu empresa en manos de alguien que aún vive con posters de Dragon Ball.
Lo barato sale caro.
Y en internet, además, suele salir lento.
Cuatro. La ira
Hacer sufrir al usuario
Hay webs que consiguen algo impresionante:
enfadar al visitante en menos de 10 segundos.
Popups gigantes.
Chats invasivos.
Cookies eternas.
Botones que no funcionan.
Versiones móviles hechas con fe y esperanza.
Y luego está la velocidad.
Porque una web lenta hoy es como entrar a una tienda y que la puerta tarde 12 segundos en abrirse.
La mayoría de usuarios no espera.
Se va.
Y Google también lo sabe.
Por eso la experiencia de usuario ya no es opcional.
Es parte del SEO.
Sí, el algoritmo también juzga.
Y bastante.
Cinco. La gula
Llenar la web de cosas innecesarias
Hay webs que quieren contarlo TODO.
- 400 líneas de texto en la home
- 18 servicios distintos
- sliders automáticos
- contadores absurdos
- música
- iconos flotando
- testimonios kilométricos
- efectos que nadie pidió
Respira.
Tu web no necesita impresionar tanto.
Necesita ser clara.
A veces el mejor diseño es simplemente:
- explicar bien lo que haces
- enseñar por qué eres buena opción
- y facilitar el contacto
Nada más.
Tu cliente no necesita una peregrinación digital para pedir presupuesto.
Seis. La envidia
Copiar a la competencia
“Hazme una web como esta.”
Frase peligrosa.
Inspirarse está bien.
Clonar no.
Porque al final muchas empresas terminan teniendo exactamente la misma web:
- mismos textos
- mismas fotos
- mismos colores
- mismas promesas
- mismo aburrimiento
Y ahora con la IA pasa todavía más.
Hay contenido tan genérico que parece escrito por un robot deprimido.
Si quieres destacar, necesitas personalidad.
Y no hace falta disfrazarse de gurú digital para conseguirlo.
A veces basta con sonar humano.
Siete. La lujuria
Obsesionarse con el tráfico y olvidar las ventas
Muchísimas empresas creen que el objetivo del marketing digital es conseguir visitas.
No.
El objetivo es conseguir clientes.
Porque puedes tener:
- miles de visitas
- redes llenas de seguidores
- artículos posicionados
- tráfico constante
…y aun así no vender nada.
El SEO no consiste en atraer a cualquiera.
Consiste en atraer a la gente correcta.
Hay negocios con quinientas visitas al mes que facturan muchísimo más que otros con cincuentamil.
La diferencia no siempre está en el tráfico.
Está en la estrategia.
Entonces… ¿tu web está condenada?
No necesariamente.
La buena noticia es que casi todos los pecados digitales tienen solución.
La mala… es que algunos necesitan un pequeño milagro.
Si tu web:
- no consigue clientes
- va lenta
- no aparece en Google
- transmite una imagen poco profesional
- o simplemente se ha quedado atrás
quizá sea momento de hacer examen de conciencia digital.
Y si necesitas ayuda, en BenditaWeb podemos echarle un vistazo antes de que acabe oficialmente en el infierno del internet olvidado.